Cómo ser imperturbable
Recuerda, por tanto, que si lo que por naturaleza es esclavo lo consideras libre y lo ajeno propio, te verás perturbado, mientras que si consideras que sólo lo tuyo es tuyo y lo ajeno, como es en realidad, ajeno, nada te perjudicará ni nada perjudicial te sucederá.
—Epicteto, Manual I
Hay una anécdota, contada por los filósofos Celso y Orígenes, que muestra la imperturbabilidad de Epicteto.
Un día cualquiera, Epafrodito, el amo de Epicteto, le sometió a castigo maltratándole la pierna. Encadenado, Epicteto le decía, con la serenidad propia del estoico, “Me la vas a romper”. Sin embargo, Epafrodito siguió golpeándole la pierna hasta llegar a romperla. Epicteto, imperturbable, únicamente dijo: “¿No te lo advertí?”
La imperturbabilidad es un pilar de la felicidad, porque si no esta se vería arrastrada ante cada situación de la vida.
“La felicidad en Grecia” señala la autora Emily Wilson “estaba asociada no con los extremos de diversión y euforia, ni con logros o eventos externos, sino con la capacidad de un individuo para mantener una disposición tranquila sin importar qué sucediera”.
¿Cómo hacían los estoicos para mantener esa serenidad ante cualquier circunstancia de la vida? Hoy, querido lector, trataremos dos ideas sobre cómo ser imperturbables.
La Ciudadela Interior
Objetivo: mantener la calma ante cualquier circunstancia de la vida.
Obstáculo: las circunstancias de la vida (ja).
Una de las cosas que ha hecho popular al estoicismo (tanto ahora como hace miles de años) es que no te dice que te vayas a la montaña a meditar y alejarte de todo lo que pueda perturbarte.
Buda, por ejemplo, se marchó al vislumbrar el camino a la iluminación sin ni siquiera despedirse de su esposa e hijos.
La filosofía epicúrea propone algo similar, alejarnos de todo aquello que pueda perturbarnos.
El estoicismo, por su parte, te ayuda a mantener esa calma —ataraxia— en cualquier lugar y momento de la vida. No hay perturbación posible para el sabio y su “Ciudadela Interior”.
“La mente libre de pasiones es una ciudadela, porque nadie dispone de ningún reducto más fortificado en el que pueda refugiarse y ser en adelante imposible de expugnar. El que no se ha dado cuenta de eso es un ignorante; pero quien se ha dado cuenta y no se refugia en ella es un desdichado.”
Eso son palabras de Marco Aurelio.
La vida es guerra, una lucha constante. “Vivir es luchar” nos recuerda Séneca.
No existe nada tal como la calma exterior. Detrás de cada problema hay más problemas. En cada camino que escojas en la vida tendrás que pisar mierda.
A lo que voy es que si tu calma depende de eventos externos, no tendrás calma un solo día de tu vida. El sabio, en cambio, cultiva su calma interior. Se hace imperturbable ante cualquier posible evento, prepara su mente para mantenerse firme independientemente de sus circunstancias. Sabe que su ataraxia no depende de nada ajeno a sí mismo.
Todo es Opinión
¿Cómo es posible que la muerte de un famoso sea para algunos un suceso tan trágico como perder a un familiar mientras que para otros sea algo completamente indiferente?
El suceso es el mismo, la opinión no.
Incluso la muerte de un ser querido supone para nosotros algo doloroso y depresivo. Pero para muchas culturas es un motivo para reunirse, bailar y celebrar.
Vale la pena repetirlo; el suceso es el mismo, la opinión no.
Epicteto lo pone de esta manera:
“¿Qué es el llorar y el lamentarse? Una opinión. ¿Qué es la desgracia? Una opinión. ¿Qué son la rivalidad, la discordancia, el reproche, la acusación, la impiedad, la necedad? Todo eso son opiniones y nada más.”
“Que todo es opinión” escribiría también Marco Aurelio.
No puedes cambiar el suceso, pero si tu percepción del suceso.
Y ahí es donde reside nuestra imperturbabilidad; en el correcto uso de nuestras opiniones, en el correcto uso de nuestra razón.
¿Qué filtro estás usando para ver el mundo? ¿Crees que aquel que reniega por todo y anda siempre malhumorado está usando sus opiniones de manera productiva?
“Que mierda de vida” piensa, “todo me sale mal”.
Parafraseando de nuevo a Epicteto
“No son las cosas lo que nos perturba, sino nuestra opinión sobre las cosas.”
Mucha parte de la vida la pasamos en automático, sin ser conscientes de lo que pensamos, sin evaluar nuestras opiniones sobre las cosas. Es ahí donde nos perdemos, es por eso que sufrimos.
Ante cualquier evento que empiece a despertarnos emociones paremos, utilicemos nuestra consciencia, preguntémonos “¿Hay alguna cantidad de ira, rabia, tristeza, angustia, que haga que esta situación mejore?”, “¿estoy enfocando esto de la manera adecuada?”.
“Lo que se interpone en el camino” decía Marco Aurelio, “se convierte en el camino”. No va a haber obstáculo que nos impida cultivar nuestra imperturbabilidad. Nada, absolutamente nada, nos puede impedir hacer uso correcto de nuestra mente.
Acostumbrémonos a pensar de esta manera, a forjar una mente imperturbable con opiniones provechosas. Pues, como escribe el emperador,
“Tu mente será como la hagan tus pensamientos habituales, pues el alma se impregna de esos pensamientos. Impregna, pues, la tuya con ideas como éstas: allí donde es posible vivir, es posible vivir bien.”
﹎﹎﹎
Querido lector, una vez comprendas que tu calma depende únicamente de ti y de tu manera de ver el mundo, serás imperturbable. Consérvate bueno.