Recupera tu tiempo
Créeme, querido Lucilio, resérvate para ti mismo, y el tiempo que hasta hoy te han estado quitando, te han estado robando o que te ha escapado, recógelo y aprovéchalo.
—Séneca, Epístolas a Lucilio I
Uno de los mayores pesares que me ha acompañado en mi vida ha sido el mal uso de mi tiempo.
Mis días pasaban sin que yo me diera cuenta en qué se iban. Llegaba a la noche atormentado y empezaba a actuar a las 1 de la mañana, lleno de frustración. Todo para hacer lo mismo y desperdiciar el día siguiente.
En ese entonces leía muchos libros de autoayuda, ninguno sirvió como remedio. Tardaba menos de 24 horas en volver a los mismos hábitos inservibles.
Recuerdo haber comprado las cartas de Séneca por tan sólo 6 euros en una tienda de segunda mano. Llegué a casa, me senté en mi escritorio, y entusiasmado empecé a leer la primera carta de todo el epistolar, el título decía Sobre el Valor del tiempo.
“Créeme, querido Lucilio” decía la primera frase “resérvate para ti mismo, y el tiempo que hasta hoy te han estado quitando, robando, o que te ha escapado, recógelo y aprovéchalo”. Una angustia extraña empezaba a apretarme el pecho.
Seguí leyendo, “la más reprensible de las pérdidas es la que se produce por negligencia”, notaba el latido doloroso de mi corazón, “gran parte de la vida se nos escapa obrando mal, la mayor parte estando inactivos, toda ella haciendo lo que no deberíamos hacer”. No pude evitarlo, lloré como pocas veces había llorado en mi vida.
Hoy, mi querido lector, vamos a tratar 3 ideas sobre el uso correcto del tiempo.
La Vida no es Corta, Nos la Hacemos
Todos malgastamos nuestra vida, ninguno sabe apreciar verdaderamente su tiempo.
En su tratado Sobre la Brevedad de la Vida, Séneca expone esta estupidez humana.
Este lapso de tiempo es inevitable que se os escape rápidamente; pues no retenéis ni ponéis freno a la cosa más fugaz de todas, sino que la dejáis pasar como si fuera algo en extremo abundante y fácil de recuperar.
Porque la vida no es corta, nosotros la acortamos.
La mayor parte de ella la malgastamos, como decía Séneca, estando inactivos. Postergamos cosas que son importantes para nosotros, mientras que desperdiciamos nuestra vida en cosas superfluas.
Pasamos horas en redes sociales; atendiendo a las vidas ajenas es que perdemos nuestra vida. Internet es un pozo profundo en el que tiramos muchas horas de nuestro día; noticias (no conozco a nadie a quien ver/leer las noticias le ayude a algo más que estresarse), rumores de famosos, fantasear con cosas que nunca compraremos, scrollear en Instagram, TikTok, YouTube, Twitter, Facebook, etc., etc.
Todo ello para distraernos de lo que verdaderamente tenemos que hacer.
Aquello que tampoco hacemos por caminar la senda que no debemos.
Perseguimos aquello que nos proporcionará poco más que problemas; fama, riqueza extrema, poder, sexo.
Deseamos lo mismo que desea el rebaño. Vamos detrás de las mismas cosas que los necios. Y los necios nunca viven, tan solo existen.
Luego, un triste día, miraremos atrás y veremos que nuestra vida ha sido gastada detrás de placer en placer, detrás de vicio en vicio, detrás de ansia en ansia, nunca en una buena vida, nunca en verdadera felicidad.
Y creo que una de las cosas más tristes que podemos sentir, es llegar al último día de nuestra vida y darnos cuenta de que en realidad no hemos vivido.
¿Es esto Esencial?
¿Quieres más tiempo? Aquí el emperador te da un consejo:
Pregúntate en todo momento, ¿es esto esencial?
Porque la mayoría de cosas que hacemos no lo son. Acabamos de ver cómo gastamos nuestra vida en cosas superfluas. Curaríamos eso de tan solo preguntarnos en cada momento, ¿es esto que estoy haciendo/pensando/diciendo esencial? ¿Es necesario?
¿Es necesario enfadarme por esta situación? ¿Es esencial comprometerme a hacer X para Y persona?
Quien no es consciente de lo que verdaderamente vale su vida no sabe responder correctamente a estas preguntas. Pero aquel que sabe claramente qué quiere de su vida puede distinguir lo esencial de lo superfluo.
El sabio es consciente de la finitud de su tiempo, no se permite desperdiciar un solo segundo de su vida, no quiere consumir sus días en aquello que no vale la pena, sino que cada acción, pensamiento o decisión que ejecuta tiene un significado acorde a la vida que quiere vivir.
No permite que nadie ni nada le robe su tiempo, no hay nada que se le pueda ofrecer para compensar semejante gasto.
Morir cada Día
En un monasterio vivía un monje con un curioso ritual. Cada noche volcaba su taza, cada mañana la ponía boca arriba. Era su hábito mejor forjado. Un día, un intrigado aprendiz se acercó y le preguntó «maestro, ¿cuál es el motivo de esta práctica?». El monje respondió que cada noche vaciaba simbólicamente la taza de su vida, y cada mañana la llenaba con el obsequio de un nuevo día. «La finalidad» dijo «no es otra que aceptar mi mortalidad para aprovechar mi vida».
Séneca nos recomendaba lo mismo, morir cada día,
En el momento de acostarnos digamos alegres y contentos: He vivido, he recorrido la carrera que la fortuna me concedió.
Piénsalo por un momento, quien vive cada día como si pudiera ser su último, ¿desperdiciaría un segundo de su vida?
Quien muere cada día vive más que ningún otro. Consérvate bueno.