Es mejor cultivar la huerta

Deja ya de argumentar cuáles son las cualidades que ha de reunir el hombre bueno; sé uno.

—Marco Aurelio, Meditaciones X,16

Tras decenas de acontecimientos horribles, Pangloss, un reconocido filósofo, trata de convencer a Cándido de que el mundo sigue una razón fundamental, de que todo ha sucedido por una causa: «todos los sucesos están encadenados en el mejor de los mundos posibles; porque si no te hubieran echado a patadas de un magnífico castillo por el amor de Cunegunda, si no te hubieran metido en la Inquisición, si no hubieras andado por las soledades de América, si no hubieras pegado una estocada al barón y si no hubieras perdido todos tus carneros del buen país del Dorado, no estarías aquí regando las coles, ni comerías espárragos y alcachofas, ni las venderías en la ciudad de Constantinopla».

Cansado de su ensimismado profesor, Cándido le responde: «Todo eso está muy bien, pero lo que importa es no teorizar y cultivar la huerta».

Hoy, querido lector, trataremos 2 ideas sobre cómo manejarnos entre la teoría y la práctica.

No Esperes que la Realidad sea Distinta

Era (y es) una utopía.

Hace 24 siglos Platón publicó el ideal de estado; una nación gobernada por filósofos sabios y virtuosos.

Marco Aurelio conocía esta prometedora idea. La República le encantaba, pero era consciente de su imposibilidad. En sus Meditaciones escribió

No sueñes con ver establecida la República de Platón; antes bien, confórmate, si progresas en el mínimo detalle, y piensa que no es poco fruto este pequeño resultado.

Sí, el emperador-filósofo rechazó la República de Platón, pero se esforzó como pocos otros en acercarla. Mandó redactar alrededor de 300 textos legales, de los cuales más de la mitad hicieron mejorar la condición de los esclavos, de las mujeres y de los niños.

Aceptó la realidad, aceptó el mundo y su composición social tal como eran, no se perdió en la teoría, en su lugar, se preocupó por mantenerse en el mundo real y así poder mejorar, poco a poco, la vida de su pueblo.

La situación no va a ser perfecta. Nunca va a ser tal como la quieres. Deja de reservar eso que quieres —y debes— hacer por esperar el momento perfecto, la situación utópica.

A este contexto, el que estás viviendo ahora mismo, le da completamente igual cómo te sientas, cuáles sean tus deseos, a dónde quieras llegar, no va a cambiar nada hasta que decidas actuar al respecto.

Y el primer paso para cambiar tu realidad, es aceptarla tal como es.

Valora cada Paso hacia el Ideal

Aunque sea inalcanzable (en la mayoría de los casos) es importante no dejar de lado la teoría, más bien, los ideales teóricos. Se alcanza la maestría en el arte de vivir, como en todo arte, cuando dominas la teoría y la práctica.

Séneca, en varias ocasiones, nos aconsejaba tener un ideal.

Precisamos a alguien al que ajustar como modelo nuestra propia forma de ser; sin una regla no enderezarás las cosas torcidas.

Estoy convencido de que tienes uno, quizá no sea nadie en especial (tampoco tiene que serlo) sino, más bien, tu mejor versión, tu yo virtuoso.

Aspiras a la excelencia, a la virtud, por eso mismo no debes menospreciar cada paso, por pequeño que sea, en la dirección correcta. Zenón de Citio, fundador del estoicismo, lo pone de esta manera​

El bienestar se alcanza poco a poco, pero no es poca cosa en sí.

Cada vez que estrechas el espacio entre la teoría y la práctica es motivo de celebración. Y quizá nunca alcances ese ideal teórico. ¡Nadie llega a ese punto! Pero no alcanzarlo no es motivo para desanimarse. Epicteto lo decía —con una de mis frases favoritas— “no dejo de esforzarme en ninguna cosa por el solo hecho de renunciar a alcanzar la perfección”.

Aún en un mal día puedes hacer algo. Llegas a la noche, has tenido un día de mierda, detente; escribe en papel que ha ido mal durante el día y qué podrías haber hecho mejor. O ni eso, tan solo piénsalo, medítalo. Con solo hacer eso ya estás progresando, estás atendiendo al error, y la consciencia del fallo mejora el próximo intento.

En cada momento puedes corregir tus pasos, por muy descarriado que te encuentres. No existe excusa alguna para dejar de progresar, para acercar tu práctica al ideal teórico.

Querido lector, no pierdas de vista la teoría ni la práctica. Sé sólido en tus pasos y llegarás lejos. Consérvate bueno.

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