El mayor hipócrita de Roma
Y primero presta atención a esto: una cosa es el seguidor de la sabiduría, otra el que ya la ha alcanzado.
—SÉNECA, Sobre la Vida Feliz XXIV, 4
Un hombre brillante, un genio, ¡uno de los mayores moralistas de toda la historia! Amigo de esclavos y mendigos, procurador de sabios consejos, humilde y austero, así era el gran Séneca…
¿no?
Esta es la imagen más conocida de Séneca. En ella se inspiraron la mayoría de los retratos y pinturas que hay de él. En su rostro se ve la frugalidad, un semblante por encima de ostentaciones y placeres, perseguido y con la mirada en el destino. Un rostro que hace justicia al Séneca de sus obras.
Sin embargo, durante una expedición arqueológica en 1813, se descubrió la verdadera cara de Séneca. Un busto que compartía, como un siamés, la cabeza de Sócrates (esto lo dejamos para otra meditación) y que, lejos de parecer un filósofo asceta, se asemejaba a un buen empresario al que nunca le ha faltado un copioso plato en la mesa. Y cierto es que, en buena parte de su vida, llegó a ser uno de los hombres más ricos de Roma y, posiblemente, del mundo.
¿Dónde está aquel hombre que profesaba la austeridad y la frugalidad frente a los excesos, que menospreciaba las riquezas? ¿Acaso es, como afirma el crítico Robert Hughes, «un hipócrita casi sin igual en el mundo antiguo»?
Yo diría que no. Nadie es perfecto. Séneca, al igual que todos nosotros, tenía sus defectos y cometía errores. Y lo que realmente debemos valorar es que, a pesar de no cumplir tan elevados criterios que plasmaba en sus obras, se esforzó, como pocos han hecho jamás, en acercarse al ideal del estoico, aquel sabio tranquilo en la enfermedad, en la adversidad y ante cualquier circunstancia de la vida. ¿Llegó Séneca a ese punto? No. Pero su intento es más que digno de admirar y ha servido de inspiración a miles de personas para encaminarse en el arte de vivir.
Rescataré una frase del mismo Séneca para esto:
¿Qué tiene de extraño si no ascienden hasta lo alto los que acometen montañas? Admira, aunque caigan, a los que intentan grandes cosas.
Hoy, mi querido lector, hablaremos sobre el Ideal del Estoico y cómo acercarnos a él.
No te Llames Estoico
Séneca cometió muchos errores, pero este no fue uno de ellos.
Uno de sus rasgos característicos –y de los más importantes—, nos cuenta su biógrafa Emily Wilson, es su plena conciencia de su distancia del ideal estoico. Él se presentaba como proficiens, alguien que ha emprendido el viaje filosófico¹, no como alguien que ya ha alcanzado la sabiduría.
Marco Aurelio nunca se llamó a sí mismo estoico.
Una de las lecciones más relevantes y recurrentes que Epicteto enseñaba a sus alumnos era que no se llamaran a sí mismos “estoicos”. Te dejo aquí sus palabras, merece la pena poner el fragmento completo
Mostradme uno enfermo y feliz, en peligro y feliz, muriendo y feliz, exiliado y feliz, difamado y feliz. Mostrádmelo, ¡por los dioses, quiero ver un estoico! Pero no podéis mostrarme a nadie modelado así. Entonces, ¿por qué os burláis de vosotros mismos y engañáis a los demás? ¿Y vistiéndoos con un traje que no os corresponde vais por ahí como ladrones de títulos y acciones que en nada os corresponden?
«¡Claro que no hay nadie así!» le respondemos a Epicteto. A lo que él contesta; «Claro que no podéis mostrarme a nadie modelado así. Mostradme al menos uno que se esté modelando, uno con inclinación a ello.»
Y ahí estamos tú y yo. Nosotros nos estamos esculpiendo como estoicos, pero no somos estoicos y nunca lo seremos. Nosotros somos aprendices de estoicismo², iniciados en el arte de la buena vida.
Así que ten cuidado con aquellos que se hacen llamar “estoicos modernos” (William Irvine, Massimo Pigluicci, Ryan Holiday, entre otros). Aprecio su trabajo pero no existe nada como tal, ¡un estoico moderno no es un estoico!
¡Por Zeus, si alguna vez se me ocurre llamarme así dame un guantazo!
Humildad, eso enseña el estoicismo. No puedes aprender lo que crees que ya sabes. Debemos tener los pies en la tierra y apuntar hacia el cielo. Seguramente no lleguemos, pero la felicidad, la satisfacción, no está (solo) allí, está en el camino, y eso es lo que queremos; caminar por las montañas de la vida con un ánimo sereno y una felicidad inquebrantable.
Y ¿quién sabe? ¡Quizás llegues a ser el sabio estoico! Pero algo sí que es cierto, nunca alcanzarás la sabiduría si crees que ya eres sabio. En palabras de Séneca:
Muchos habrían llegado a la sabiduría si no hubieran creído que ya habían llegado.
Cómo No Naufragar
Una vez caída la noche, cuando la luz se desvanecía y su esposa dormía, Séneca repasaba toda su jornada y la sometía a examen. Miraba cada acto y pensamiento que había tenido en el día y se evaluaba, «nada me oculto, nada paso por alto».
¿Cómo vamos a saber si estamos avanzando correctamente si no nos detenemos a ver los pasos que hemos dado?
No es fácil tropezar con alguien que sea desgraciado por dejar de entrometerse en el alma de otro. Pero quienes no siguen con atención los movimientos de su propia alma, inevitablemente serán desgraciados.
Eso son palabras del emperador.
Debemos mantenernos atentos a nuestros pensamientos y evaluarlos, ya sea al amanecer, al anochecer o, incluso, durante todo el día.
Epicteto hacía una analogía con el timonel de un barco:
Para que el piloto haga naufragar la nave, no necesita de la misma preparación como para mantenerla a salvo. Con una pequeña distracción, ya la ha perdido. Así pasa también en esto: si te adormeces un poco, se escapa todo lo conseguido hasta ahora.
Dime, ¿acaso quieres naufragar? ¿Quieres perder todo el progreso que has conseguido hasta ahora con tu dominio personal?
Entonces debes ser vigía de tu carácter, cazar al vuelo un pensamiento innecesario, superfluo o destructivo, y cambiarlo. Debes estar atento de no decir más de lo debido.
Así te será mucho más sencillo hacer lo correcto, decir lo útil y verdadero, y pensar lo fructífero para tu bienestar y seguridad.
Séneca nos proponía hacernos estas preguntas a diario; «¿Qué defecto te has curado hoy? ¿A qué vicio te has opuesto? ¿En qué aspecto eres mejor?».
Más sencillo, e igualmente efectivo, es simplemente preguntarte sobre papel ¿Qué he hecho bien hoy? y ¿qué podría haber hecho mejor?
Yo, te prometo, lo haré esta noche. Te invito a hacer lo mismo.
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Querido lector, espero que tengas una estupenda semana. Por último solo quería decirte que celebres cada paso dado en la dirección correcta, por pequeño que sea. Eres un artista vital en constante aprendizaje, «alégrate» escribió Marco Aurelio, «si progresas en el mínimo detalle, y piensa que este resultado no es una insignificancia». Consérvate bueno.
Notas
En otra meditación hablaremos sobre qué es en realidad ser filósofo (no es tan aburrido como piensas). En la antigüedad los filósofos eran atletas, guerreros, políticos, etc. Nada que ver con la idea actual de un filósofo.
La palabra para designar a un aprendiz de estoicismo es prokopton.