Eres solo una representación

¡Haz el esfuerzo de poder decir ante cada representación dolorosa “eres una representación y no, en absoluto, lo representado”.

—EPICTETO, Manual 1

¡Hola, mi más querido lector! Primero que todo, espero que tengas un día espléndido y que te sirva la meditación de hoy.

Segundo, hoy voy a presumir un poco.

Yo, en mi calidad de persona normal y corriente, estaba teniendo un día como cualquier otro, con sus idas y venidas, cuando de pronto un problema “me atacó”.

Surgió un contratiempo por el que me volví irritable, pero justo en ese instante, cuando empezaba a notar el calor de la ira, a mi mente acudió un pensamiento que mi consciente no había iniciado, fue automático;

“eres solo una representación, en absoluto lo representado”.

Te puede parecer una gilipollez —a mí me lo parecería—, pero después de años estudiando y practicando el estoicismo, es de las cosas más maravillosas que me han podido suceder.

A continuación te explico por qué.

La Disciplina del Juicio

Lo que nos perturba no son las cosas, sino los juicios que nos hacemos sobre las cosas.

Esta es una de las frases más famosas de Epicteto, pero ¿a qué se refiere exactamente?

Bueno, primero preguntémonos esto, “¿por qué para algunas personas la muerte de un famoso les duele tanto como perder a un familiar, mientras que para otras personas ese evento es completamente indiferente?”.

¿Por qué? Porque el suceso es el mismo, pero el juicio sobre el suceso es distinto.

Repito: el evento es el mismo, el juicio no.

Y este es uno de los ámbitos más importantes del estoicismo, el ver las cosas —representarlas— de la manera correcta. O, para ser claro, ver las cosas objetivamente.

​Epicteto lo apunta así​

«Se ha hundido la nave». ¿Qué ha pasado? Que se ha hundido la nave. «Le han metido en la cárcel». ¿Qué ha pasado? Que le han metido en la cárcel. Lo de «le van mal las cosas», cada uno lo añade de su cosecha.

Ese día yo tuve un contratiempo, punto. Lo de que sea malo lo añado yo de mi propia cosecha.

Soy yo, con mi capacidad de moldear mis pensamientos, con mi capacidad de usar mi mente —mi razón— quien decide si un evento es bueno o malo.

Soy yo quien pone la etiqueta de bueno o malo.

¿Quieres ser imperturbable como un estoico? Entonces, lo que debes hacer ante cualquier situación áspera de la vida es quedarte en el hecho objetivo, no añadir ningún juicio de valor. Las cosas no son buenas o malas en sí, simplemente son.

Sobre esto, no es necesario pensar y causar inquietud a tu alma, pues las cosas, por sí mismas, no pueden crear nuestros juicios sobre ellas.

Eso son palabras de Marco Aurelio.​

Ten a mano siempre esto —para los estoicos era esencial recordarlo—; nadie ni nada puede obligarte a ver las cosas de una u otra forma. Esa capacidad reside únicamente en ti, y, si así lo decides, nadie puede perturbarla.

Y si puedes elegir entre tomarte las cosas de la vida de forma derrotista o productiva, ¿por qué ibas a elegir tintarte la vida de color mierda?

Una Segunda Naturaleza

Y aquí viene la segunda parte de mi alegría al pensar eso; fue automático.

Después de trabajar tantas veces en decírmelo tras haber incorporado una emoción contraproducente, por primera vez, no lo tuve que pensar.

Y, como todo buen fruto personal, ha sido gracias a la práctica.

El filósofo estoico Ario Didimo, diría sobre los estoicos y la práctica;

Las cualidades naturalmente adecuadas para la virtud no sólo se dan por naturaleza, sino también como resultado del entrenamiento, y están de acuerdo con este dicho proverbial: la práctica durante mucho tiempo se convierte

en una segunda naturaleza.

Muchas veces he escuchado a gente desmeritar el trabajo de Lionel Messi, diciendo que es únicamente talento, que no hay trabajo detrás de su buen juego.

​En una entrevista, su compañero Carlos Tevez, hablando sobre el éxito, señaló que Messi era el que más practicaba el tiro libre. Todo regate que veíamos en el campo lo había practicado cien veces antes.

Y al verlo vemos la naturalidad con la que juega. Tanta práctica se ha convertido en una segunda naturaleza para él.

La práctica es la madre de toda habilidad. Imagina tener una mente cuya segunda naturaleza sea pensar de manera imperturbable; tu felicidad sería inquebrantable.

La práctica hace al maestro, y el maestro nunca se olvida de practicar.

Marco Aurelio también estaba de acuerdo con esto

Tu mente será tal como sean tus representaciones. Pues el alma se impregna de las representaciones. Por tanto, imprégnala sin interrupción de representaciones tales como que donde es posible vivir, también es posible vivir bien.

Cuida tu mente, cuida tus pensamientos, son el tinte con el que vas a ver tu vida. Cada pensamiento cuenta, cada representación está bajo tu dominio. Consérvate bueno.

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