La disciplina es una consecuencia
Al amanecer, cuando de mala gana y perezosamente despiertes, acuda puntual a ti este pensamiento: «Despierto para cumplir una tarea propia de un ser humano.»
—MARCO AURELIO, Meditaciones V, 1
Hay un gran número de confusiones respecto a la disciplina.
La que más veo es que la gente cree que la disciplina es un fin en sí mismo, no un medio para algo. Creen que el objetivo es ser disciplinado, yo opino lo contrario; la disciplina debe ser una consecuencia.
Aquí te explico el por qué.
Pensemos en alguien como Marco Aurelio. Emperador de Roma, el hombre más rico y poderoso de su época. Teniendo la posición que tenía podía acostarse con quien quisiera, comer lo que le diera la gana, matar a quien quisiera, levantarse a la hora que le saliera de los cojones.
A día de hoy lo admiramos porque no actuó de tal manera. Él era alguien disciplinado.
Pero, ¿de dónde viene su disciplina?
En sus Meditaciones podemos ver una pequeña conversación que tenía consigo mismo. Como a todos nosotros, también le costaba despertarse temprano.
— ¿Para esto fuiste creado, para acurrucarte y permanecer cálido debajo de tus sábanas?
— Pero esto es más agradable…
— ¿Has nacido, pues, para deleitarte? Y, en suma, ¿has nacido para la pasividad o para la actividad?
— Pero también es necesario reposar.
— Sí, estoy de acuerdo. Pero la naturaleza ha marcado límites al reposo, y tú estás por encima de lo suficiente. Y en tus acciones no solo no cumples lo suficiente, sino que te quedas por debajo de tus posibilidades. Eso significa que no te amas a ti mismo, porque en ese caso amarías tu naturaleza y su propósito.
Quédate con la palabra propósito, porque hoy vamos a hablar sobre su relación con la disciplina.
El propósito de Marco Aurelio era ser un buen emperador, cumplir con su deber de ser humano. De ahí derivaba su disciplina.
No se despertaba temprano por el simple hecho de despertarse temprano, o porque fuera algo bueno. No, lo hacía porque era necesario para cumplir con su deber.
Hoy No Quiero ir a Trabajar
Epicteto, el gran maestro estoico, hacía mucho hincapié en los roles. Decía que igual que en una obra de teatro cada uno de nosotros interpreta un papel que nos ha sido dado o que nosotros mismos hemos adquirido. Y que debemos actuar en la obra de la mejor manera posible.
Epicteto nació esclavo. Interpretó su papel de esclavo lo mejor posible, gracias a ello consiguió liberarse de sus cadenas.
Marco Aurelio heredó su imperio. Él no lo eligió, fue un papel que le fue asignado. Su libro, único en su especie, es un diario con el objetivo de ayudarle a interpretar su papel, como emperador y ser humano, de la mejor manera posible.
La disciplina de ambos sabios, claridad y fuerza en sus acciones, viene de saber quién querían ser, de saber cuál era su propósito y deber.
Epicteto lo escribió así
Primero descubre quién quieres ser y luego haz lo que debas hacer.
Dos mil años después, James Clear, en su famoso libro Hábitos Atómicos, expresaba la misma idea; la esencia del cambio reside en tu identidad.
¿Quién quieres ser? La disciplina de tus acciones derivará de esa visión.
Piensa en los padres, no vas a oír a ninguno —que sea bueno— decir «hoy no tengo ganas de ir a trabajar».
La disciplina que tienen para no fallar en el trabajo es por la claridad e importancia de su propósito; proveer y cuidar a su familia.
Tampoco los vas a ver presumiendo de su disciplina para aguantar duros trabajos. Porque la disciplina no es su objetivo, su objetivo es cumplir con su deber.
Es así de sencillo, cuando te empiezas a preocupar por cumplir seriamente con tu deber, dejas de preocuparte por ser disciplinado. La disciplina viene sola.
No hay fórmulas secretas, ni inyecciones poderosas de motivación. A veces, lo único que hay que hacer es pensar como un adulto, un verdadero adulto. Consérvate bueno.