¿Te enfadarías con un ciego?

Lo que procede de las personas nos es querido por nuestro parentesco, y a veces, incluso inspira compasión, por su ignorancia de los bienes y los males, ceguera no menor que la que nos impide distinguir lo blanco de lo negro.

—MARCO AURELIO, Meditaciones II, 13​

Piensa en esta situación, vas caminando tranquilamente por la calle, es un día normal para ti, cuando de pronto alguien te choca y casi te caes. Tu impulso inmediato es enfadarte y esperar que esa persona al menos se disculpe contigo.

Esa persona te pide perdón, y ahora puedes apreciar claramente que se trata de un ciego. Tu enojo se desvanece, le dices que no pasa nada e incluso le ofreces tu ayuda por si necesita dirigirse a algún sitio. Luego, sigues con tu día como si nada hubiera pasado.

¿Cómo sería nuestra vida si ante cada insensato pudiéramos reaccionar de la misma manera? Alguien comete un error, a veces, contra nosotros, tenemos un primer impulso que es el enojo —algo que es natural e inevitable¹, recapacitamos sobre la condición de esa persona, nos apaciguamos rápidamente y procedemos a ayudarlo o, por lo menos, a colaborar.

¿Cómo transcurriría nuestra vida? Yo creo, y los estoicos lo confirman, que nuestra vida sería muy fructífera y transcurriría sin alteraciones innecesarias que nos arrebatarían tiempo y tranquilidad. Cosas que no nos podemos permitir perder.

Hoy, mi querido lector, vamos a tratar 3 ideas sobre cómo tratar con gente, digamos, mala.

Cada Quien es su propio Héroe

Hay una convicción en la sabiduría estoica que quizá te pueda chocar

la gente no es mala, solamente es ignorante.

Sí, incluso aquel capullo o capulla que te ha perjudicado.

Sócrates lo sostenía, él decía que ninguna persona se despierta en la mañana, estira sus brazos y se pregunta «¿qué mal puedo hacer hoy?».

Y Epicteto resonaba con lo mismo

Quien se equivoca no quiere equivocarse, sino hacer lo correcto.

También explica que todo ser racional, entiéndase toda persona, detesta las contradicciones. Es decir, nadie hace algo que no le conviene hasta que comprende que no le conviene. El ladrón, por ejemplo, roba porque cree que es lo que le conviene. Hasta que nadie le muestre que lo que hace es incorrecto y que en realidad le perjudica, no dejará de robar.

Hagámoslo más sencillo, habla con cualquier persona, deja que te cuenten anécdotas y te darás cuenta de que cada quien es el héroe de su propia historia. Siempre han hecho lo correcto bajo su prisma —aunque hayan cometido graves errores.

Hay numerosos estudios sobre criminales a los que les entrevistaron y afirmaron ser víctimas de sus circunstancias, que se vieron forzados a «matar». Ninguno quería admitir que habían asesinado a sangre fría, incluso por una simple mirada.

Así que sí, los insensatos obran mal, pero no por gusto —al menos en personas sin ninguna patología—, sino porque no saben qué es lo correcto. Y como tal, no merecen ni una pizca de nuestro enojo, más bien, y como haría un buen estoico, deberían recibir nuestra compasión, incluso si nos ofenden.

No Confundas la Ofensa con el Daño

A día de hoy, y esto es muy triste y peligroso, la gente confunde la ofensa con el daño.

El daño es una lesión física, una herida que puedes notar y tocar. La ofensa es solo una invitación a sentirte insultado, y solo es bajo tu consentimiento que puedes recibir una ofensa.

En su Manual de Vida, Epicteto lo dice así

Recuerda que no te ofende quien te insulta, sino tu juicio, que te hace pensar que ellos te ofenden. Por tanto, que sepas que cuando alguien te irrita, es en realidad tu juicio quien lo hace.

Es decir, no serás perjudicado hasta que creas que sí has sido perjudicado. Y eso, por supuesto, está completamente en tu poder.

«¡Pero tengo que defenderme!» me respondes.

No tienes porque defenderte si nadie te está atacando. La ofensa no es un ataque para el estoico, tampoco un daño real. Ve al médico y dile, «me han ofendido». «¿Dónde te duele?» te preguntará. «En el alma…» respondes poéticamente. Quizá te mande paracetamol y te mande a tu casa. Sin más.

Piénsalo, si alguien dice algo sobre ti y es verdad, ¿qué sentido tiene enfadarte por la verdad? Si alguien dice algo sobre ti y es mentira, ¿qué sentido tiene enfadarte por una mentira? El error es suyo, no tiene que ver contigo. Si de verdad valoras tu tiempo no te molestarás en discutir con insensatos.

Decía Marco Aurelio que si puedes instruir al que se equivoca, entonces bien, si no puedes, entonces para eso se te ha dado el don de la benevolencia. Séneca nos daba un consejo para saber cuando intentar corregir a alguien

No discutas más con ignorantes; no quieren aprender quienes nunca han aprendido. El bueno se complace en ser corregido, los peores individuos toleran muy a disgusto los consejos.

Por último, el consejo del emperador

Elimina el juicio y habrás eliminado el pensamiento «he sido dañado», elimina el pensamiento «he sido dañado» y el daño habrá desaparecido.

La Mejor Venganza

«La mejor venganza» escribió Marco Aurelio, «es ser no parecerse a quien hizo el daño».

Corta y al pie.

Esa persona que te ha perjudicado, ha mostrado un carácter débil y repulsivo. ¿Por qué querrías parecerte a ella? ¿Acaso quieres perder todo el progreso que has hecho en tu persona?

El mal cometido por esa persona, déjalo allí donde la falta ha sido cometida.

Eso son palabras de Marco Aurelio.

No es bueno llevar su falta contigo. Esa persona ha hecho algo que odias, ¿acaso quieres odiarte a ti mismo?

No rotundo. No has avanzado en la vida para deformar tu carácter ante un insensato.

El sabio va a algo más elevado, algo que requiere un ejercicio de voluntad superior.

Eliminar la ira y abrazar el desagradecimiento, amar y preocuparse por el insensato.

Comprende que no hay mayor castigo que la ignorancia e incluso se presta para ayudar. También recuerda que pronto ninguno de los dos estará, y que no tiene sentido perder el tiempo y la tranquilidad en un conflicto superfluo y nada provechoso.

El sabio no deja que le arrebaten ni un minuto de su tiempo. Es como una gran roca en el mar; no hay ola, por más grande y tormentosa que sea, que consiga agitarla. Consérvate bueno.

Notas

  1. Los impulsos naturales del cuerpo, como por ejemplo la segregación de adrenalina cuando parece que vas a tener un accidente en carretera, reciben el nombre de protopasiones según los estoicos.

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