Aún después de una mala cosecha

Es preferible cosechar desagradecimiento que dejar de hacer buenas obras; sembramos aún después de una mala cosecha.
Séneca

En el año 175, tras la victoria sobre el ejército de los Partos, Marco Aurelio esperaba un poco de calma. Sin embargo, le llegaría una de las peores noticias; su general, Avidio Casio, se había proclamado emperador en Siria. Su hombre de confianza estaba dando un golpe de estado.

Casio, junto a varios soldados rebeldes, había traicionado al emperador. Un emperador que vendió sus bienes para salvar al pueblo. Un emperador que, lejos de quedarse en su palacio, acampaba junto a sus soldados en las guerras. Un emperador que lo había dado todo por su ejército y por su pueblo.

Por fortuna para Marco Aurelio, los propios soldados asesinaron a Casio. Pero todavía andaban libres el resto de traidores.

¿Qué haría Marco Aurelio con ellos?

Los perdonó y mandó eliminar las pruebas del complot. Borró los nombres de los comprometidos en el golpe de estado.

Hoy, querido lector, vamos a tratar tres ideas sobre hacer buenas obras a pesar del desagradecimiento.

DÉJALOS GOZAR

«Siempre que tropieces con algún sinvergüenza» escribiría Marco Aurelio, «pregúntate de inmediato “¿puede realmente dejar de haber un mundo sin sinvergüenzas?” No es posible. Entonces, deja de pedir lo imposible».

Siempre va a haber gente mala en el mundo. Esperar lo contrario es vivir en ilusiones.

Pero la gente mala no es nuestro asunto. Nuestro asunto es cumplir con nuestro deber, acercarnos un poco más hacia nuestro objetivo, trabajar en nosotros mismos, haya gente buena o gente mala.

Cada mañana el emperador pensaba para sí mismo estas palabras:

Hoy tropezaré con algún egoísta, con algún insolente, con algún ingrato.

¿Se engañaba Marco Aurelio? ¡Por supuesto que no! ¿Acaso tú has pasado algún día sin toparte con alguien así?

«¿Piensas que por ser virtuoso dejarán de existir los pasteles y la cerveza?» escribiría Shakespeare en Noche de Reyes.​

Este, querido lector, es el secreto de una buena vida; “ser tolerante con los demás y estricto con uno mismo”.

ESTA ES LA RECOMPENSA

¿Quieres más?

Haces lo correcto, cumples con tu deber, ayudas a los demás, amas. ¿Quieres más?

¿Quieres la reputación de bueno, el aplauso, que se te reconozca?

¿Y así crees que avanzas más que el resto? ¿Persiguiendo lo mismo que ellos?

Y no es solo que no vayas a ganarte el reconocimiento de bienhechor, sino que en muchas ocasiones se te malinterpretará, la gente será desagradecida a pesar de tu buena voluntad.

Pero, para el que de verdad actúa bien, para el aspirante a artista vital, es irrelevante. Sabe perfectamente que ser bondadoso por el reconocimiento no es actuar por virtud, sino por interés. El agradecimiento no es su objetivo, lo toma como regalo si es que lo recibe.

​Séneca escribió que «la recompensa de una buena acción es haberla hecho» ya que «no hay mayor bien que una conciencia tranquila».

Eso es lo que ganamos; el estar libres de remordimiento, libres de todo tipo de arrepentimiento.

En tres palabras; una mente tranquila.

Y cuántas personas no darían todo lo que tienen por un poco de silencio en su cabeza.

Recuerda lo que escribió Marco Aurelio

¿He obrado en favor del bien común? Entonces he obrado en mi favor.

¿TE HAS HECHO SABIO DE REPENTE?

¿Quiénes somos para juzgar a otra persona?

¿Acaso conocemos la verdad absoluta? ¿Tenemos un libro con la historia de cada persona con la que nos cruzamos?

No.

Pero claro, nos creemos sabios. Creemos que nuestros problemas importan más que los del resto. Vemos a alguien actuar de cierta manera y lo juzgamos. ¿Que alguien se interpone en nuestro camino? Nos enfadamos, incluso discutimos.

​Epicteto nos diría​

Deja ese carácter agresivo y lleno de odio. Pero, ¿tú quién eres para decir esas palabras que acostumbra a decir el vulgo? “¡A esos malditos asquerosos…!” ¿Acaso te has hecho sabio tú de repente, que ahora te enfadas con los demás?

Siempre que nos topemos con algún ingrato o insolente tenemos la oportunidad de practicar la empatía y la compasión.

Fíjate bien en cómo habla, cómo actúa. Da gracias de que no has tenido su vida, porque de lo contrario estarías actuando igual.

Mejor pongamos el foco en nosotros, en nuestras palabras, acciones y pensamientos. Y si observamos a los demás que sea para “corregirnos a nosotros mismos si es que fallamos en las mismas cosas”, como nos aconseja Epicteto.

No conozco a nadie que sea infeliz por no interesarse en la vida de los demás, pero, como decía Marco Aurelio, “aquellos que descuidan los movimientos de su propia alma, inevitablemente serán desgraciados”.

Querido lector, terminando la meditación de este lunes, te recordaré que ser bueno en un mundo con tanta gente mala no te hace débil, te hace valiente. Consérvate bueno.

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