Evita las palabras muertas
¿Para qué quieres leer? Si lo haces para entretenerte o enterarte de algo, eres un simple y un miserable. Pero si lo pones en relación con lo que debes, ¿qué otra cosa es esto sino serenidad? Si el leer no te procura serenidad, ¿de qué te sirve?
—Epicteto
Creo que no hay nada que me haya cambiado tanto la vida como leer. Primero con el libro de Tony Robbins, Controle su destino. Tiempo después con el libro que mayor impacto tuvo en mi vida, las Meditaciones del emperador —sin el cual no existiría Incuestionables. Y cada libro que leo me cambia de alguna otra forma.
Pero el conocimiento no es suficiente. Hay que transformar la teoría en la práctica, si no, ¿para qué leemos? El conocimiento no es sabiduría hasta que lo aplicamos en la vida. Debemos transformar las palabras en acciones.
Hoy, querido lector, trataremos tres ideas sobre cómo evitar que el conocimiento sea desperdiciado, evitar, lo que Epicteto llamaba, “las letras muertas”.
LA LECCIÓN DE ATALO
Nuestro Séneca, cuando era joven, era inquieto e intrigado, muy demandante de su paciente tutor, el estoico Atalo. “Era el primero en llegar y el último en irme” recuerda Séneca. Encantado por las lecciones de su maestro, siempre le pedía más.
Un día, con una mezcla de reproche y motivación, le recomendaría que fuera lento en su aprendizaje filosófico, paso a paso, y que no tratara de adquirir todo el conocimiento de una vez.
Séneca recordaría esta lección toda su vida. En una carta a su amigo Lucilio le recomendaría lo mismo:
El peso debe adaptarse a nuestras fuerzas, sin cargarnos con más del que somos capaces de llevar. No debes absorber cuanto quieras, sino cuanto puedas. Podrás abarcar lo que desees; cuanto más recibe el espíritu, tanto más se ensancha.
No debemos apresurarnos queriendo aprender todo. Cuando ingieres demasiada comida no la digieres, es más, la vomitas. Igual pasa con el conocimiento.
LEER, LEER Y RELEER
Hace poco un seguidor de Incuestionables me escribió “con todo lo que hay que leer no hay tiempo para releer libros”. Lo bloqueé. Es broma. Pero ciertamente se equivocaba.
¿Es que alguno cree que la sabiduría de las Meditaciones de Marco Aurelio se asimila con una única lectura? No. Ni siquiera con dos, tres, tal vez ni cincuenta.
“Un hombre no pisa el mismo río dos veces” porque tanto el hombre cambia como el río también. Releer un buen libro es encontrar nueva sabiduría incluso en la misma palabra. Hay libros que no merecen ni una lectura —la mayoría, y otros que deben acompañarnos toda la vida.
Vale más cuántos libros pasen por tu espíritu que cuántos pasen por tus manos.
LEEMOS PARA VIVIR
Muchas veces se me ha olvidado; se lee para vivir, no se vive para leer. Leer es una herramienta para mejorar en el arte del buen vivir, es un medio para ejercitarnos, no un fin en sí mismo. Por eso Marco Aurelio se decía a sí mismo “¡Deja los libros! No te distraigas más tiempo; no te está permitido”.
A veces queremos leer, leer y leer. Adquirir conocimientos para la vida, pero cuando tenemos la oportunidad de ejercitar lo aprendido, queremos seguir leyendo, seguir preparándonos para este o aquel suceso. Una ridícula ironía.
Pidiendo consejo a Epicteto, éste me reprendió:
¿Qué te falta? ¿Los libros? ¿Cómo o para qué? ¿O es que no son una preparación para la vida? Como si el atleta lloriqueara al entrar en el estadio por no poder entrenar fuera.
Querido lector, es un pequeño porcentaje de la población la que lee, más pocos son los que leen por iniciativa propia, más pocos los que leen cosas útiles, más pocos los que aplican lo que leen. Pertenezcamos a este último grupo; los que aprenden para la vida, no para la escuela. Consérvate bueno.