¿Por qué los estoicos adoraban a Hércules?
¿Qué piensas que habría sido de Hércules si no hubiesen existido el león y la hidra, el jabalí y unos cuantos hombres malvados y salvajes, a los que él expulsó y de los que limpió el mundo?
—Epicteto
¿Qué hubiera sido de él? El propio Epicteto responde; no habría llegado a ser Hércules. Hubiera desperdiciado toda su fuerza y todas sus capacidades por permanecer tranquilo y cómodo.
Por eso los estoicos adoraban a Hércules, porque, a pesar de poder escoger la comodidad, decidió enfrentarse a lo que la vida tenía preparado para él. Decidió convertirse en Hércules.
Hoy, querido lector/a, trataremos tres ideas sobre la adversidad.
Es necesaria
La virtud se marchita sin adversario.
La excelencia a la que aspiramos, ¿cómo la conseguiremos sin retos que nos exijan más de lo que nos creemos capaces de soportar?
Levantar el mismo peso día tras día no incrementará nuestra fuerza.
“¿Eres valiente?” nos pregunta Séneca, “¿cómo lo sé yo si la vida no te da la oportunidad de demostrar tu virtud?”
Exacto. ¿Cómo vamos a ser mejores que antes si nuestros retos no son mayores que los anteriores?
A veces se nos olvida que los problemas, las dificultades, en una palabra, las adversidades, son parte fundamental de la vida. “Vivir es luchar”. El mismo Séneca nos recordaba que “ser siempre feliz y pasar por la vida sin ninguna punzada en el alma es ignorar la mitad de la naturaleza”.
“Para esto me entrenaba”
¿Qué debe uno decir en cada dificultad, “para esto me entrenaba, para esto me ejercitaba.”
—Epicteto
El arte de vivir se asemeja más a la lucha que a la danza decía Marco Aurelio. ¿Cómo íbamos a mejorar en dar y recibir golpes si nunca nos metemos en un sparring? ¿Cómo vamos a practicar el arte de vivir escondiéndonos de la vida?
El sabio toma cada adversidad como un entrenamiento. No pierde tiempo en cuestionar la adversidad, en preguntarse “¿por qué a mí?”.
No. En su lugar, ve la escultura dentro de la piedra. Ve oportunidades donde los demás ven obstáculos. Eso es lo que lo distingue de la peble.
Y nosotros aspiramos a elevarnos sobre la peble.
No los empeores
El sabio acepta su dolor. Lo soporta. Pero no lo agrava.
En palabras de Séneca;
“No agraves tus males, ni hagas más difícil la situación con tus quejas, pues el dolor es leve si la preocupación no le añade nada”.
Marco Aurelio, emperador que no conoció un momento de calma en todo su reinado, se dijo a sí mismo; “Si es soportable, entonces aguanta. Deja de quejarte”.
La vida nos pondrá la adversidad en la puerta. No lo podemos evitar. ¿Nos quejaremos? ¿De qué servirá? A las circunstancias les dan igual nuestras emociones. Todo tiempo que gastamos quejándonos y cuestionando el problema es tiempo que no invertimos en solucionarlo.
Querido lector/a, para terminar la meditación de hoy, te recordaré que tienes el grandioso poder, en cada momento, de elegir la virtud o la mediocridad. La poderosa decisión de hacer lo correcto o de tomar el camino fácil. Puedes darle la espalda a la vida o sacar el máximo de cada oportunidad que te arroje.
Non est ad Astra mollis e terries via. No hay camino fácil de la Tierra a las Estrellas. Consérvate bueno.