¿Deseas calma?
Recuerda que no sólo el ansia de poder y riqueza nos hace viles y subordinados a otras cosas, sino también el ansia de calma y ocio y viajes y letras. Sencillamente, sea lo que sea lo exterior, su deseo nos hace esclavos.
—Epicteto
El lunes no pude enviar la meditación porque durante la semana estaba realmente ocupado estudiando. Mis más sinceras disculpas.
Recuerdo que en la biblioteca, bajo el estrés, el agobio y la ansiedad, no paraba de pensar “tan solo quiero estar tranquilo, en mi casa, leyendo y escribiendo”.
Y no solo he pensado así esta vez. En muchas ocasiones de mi vida, cuando ésta me empezaba a exigir más —sufrimiento de un ser querido, lidiar con gente desagradable, etc.—, me desvanecía, empezaba a desear calma, se me olvidaba (y se me olvida) una de las mayores lecciones del estoicismo; «vivir es luchar».
Hoy, querido lector, vamos a tratar dos ideas sobre desear calma en nuestras vidas.
NO EXISTE TAL PARAÍSO
¿Recuerdas algún momento de tu vida adulta libre de problemas? Yo tampoco.
La vida es así, una constante lucha. Por eso Séneca escribió; «vivir es luchar». Por eso Marco Aurelio escribió «la vida es una guerra y un viaje lejos de casa».
“Dukkha” es el término que alberga la sabiduría budista para señalar que vivir conlleva sufrimiento. Cualquier camino que elijas tendrá mierda que tendrás que pisar. Detrás de cada problema habrá otro problema; «detrás de las montañas, hay más montañas» reza el proverbio haitiano.
Puedes desear una vida sin retos, sin adversidad a la que enfrentarte —como me suele pasar—, una vida que entierre tu talento y propósito. Pero todo ello desemboca en algo que no puedes controlar; deseas calma externa, y no existe tal paraíso.
El sabio, por su parte, crea y fortalece su calma interna, lo que Marco Aurelio llamaba “la Ciudadela Interior”:
La mente libre de pasiones es una ciudadela. Nadie puede retirarse a otro lugar más inexpugnable y seguro. Quien no se ha dado cuenta es un ignorante, pero quien lo sabe y no se refugia es un desgraciado.
La mente del sabio tiende a ser imperturbable. Independientemente de sus circunstancias, se mantiene firme, preparado para lo que sea. Sabe que su tranquilidad no depende de nada ajeno a sí mismo.
¿Cultivarás tu ciudadela interior o seguirás pidiendo un paraíso que no existe?
AMOR FATI
El filósofo alemán Friedrich Nietszche no era precisamente fanático de los estoicos, pero una de sus ideas conectaba directamente con el corazón del estoicismo; amor fati, amar el destino, amar lo que la vida te depare.
En sus propias palabras:
Mi fórmula para expresar la grandeza es amor fati: el no querer que nada sea distinto ni en el pasado ni en el futuro ni por toda la eternidad. No solo soportar lo necesario, sino amarlo.
En su famoso libro, el Poder del Ahora, el autor Eckhart Tolle nos aconseja “querer la situación presente como si la hubiéramos elegido”. Dos mil años antes, Séneca nos decía lo mismo: “preparemos nuestra alma para amar todo cuanto la situación nos exija”.
Pero, ¿por qué este empeño en amar una situación que ni siquiera queríamos?
Porque, ¿cuál es la otra opción? ¿Vivir enfurecido, odiando tu vida porque las cosas no salen siempre como las quieres? ¿Prefieres la ira a la aceptación? ¿Prefieres un corazón satisfecho y sólido en cualquier circunstancia o uno a merced del oleaje de la vida?
Sencillamente, ¿prefieres vivir sereno o vivir intranquilo?
Es más, la aceptación de la circunstancia presente es el primer paso para mejorarla. Quejarte y actuar ocupan los mismos recursos mentales.
Marco Aurelio escribió que el sabio es como el fuego porque convierte en combustible todo lo que se le arroje. Presta atención porque en todo momento tienes el poder de aumentar la llama de tu virtud o de rendirte y dejar que se apague. Consérvate bueno.