El propósito a la deriva
El que ignora quién es y para qué ha nacido irá de un lado a otro
sordo y ciego pareciendo ser alguien pero sin ser nadie.
—Epicteto
El humilde pescador Salvador Alvarenga se enfrentó al infierno azul. Allá donde viera no veía más que un azul oscuro y desolador. Durante catorce meses navegó a la deriva por el Océano Pacífico en un pequeño bote pesquero. Observó los ciclos lunares y admiraba las estrellas cuando lograba distraerse de su batalla contra la soledad, la depresión y los episodios suicidas. ¿Cómo consiguió mantener la cordura? Gracias a su propósito. Tenía un porqué lo suficientemente fuerte para soportar semejante desgracia: volver a ver a su hija. «¿Voy a morir sin volverla a ver nunca jamás, ni que sea un solo día? —diría en una posterior entrevista— Lloré muchísimo. Soñaba con que me recibiera gritando “¡Papi!” Y eso me hacía muy feliz».
No hay mayor fuente de resiliencia en la vida, frente a tantos desastres, problemas y adversidades, que tener una razón para seguir avanzando. Debemos tener un blanco al que dirigir nuestras fuerzas. “Fallan nuestros planes porque no tienen una meta a la que dirigirse. Para aquel que no sabe hacia dónde navega, ningún viento le es favorable” escribió Séneca.
Querido lector, aunque descubrir tu propósito sea un proceso complejo, es de suma relevancia para vivir una vida plena. Aquí te dejo tres estrategias para emprender tu viaje:
Tu propósito a través del nombre
¿En qué te ocupas? Tienes un cargo, una misión, un deber. Todo el mundo lo tiene. Epicteto decía “reflexiona sobre los papeles que haces. Si eres senador de alguna ciudad, sabe que eres senador. Si eres joven, que joven; si eres padre, que padre. Pues siempre, al venir a cuento, cada uno de estos nombres indica las acciones correspondientes”.
Tan simple como efectivo. Debes entregarte completamente a la tarea que tengas en frente, la que te toque ahora. No hay excusa. Como hagas esto, harás todo. Si actúas perezosamente con esta tarea que “no te apasiona” o que “no es relevante”, también actuarás con desgana cuando tengas la oportunidad de hacer algo importante para tu vida. Quizá no te guste la profesión que tengas ahora y estás esperando a cambiarla. Aún así, mientras lo seas, debes serlo de la mejor manera posible, ¿por qué? Porque es lo correcto.
A veces, lo único que necesitas es ponerte en marcha, y esta es una buena manera de saber cuál es tu siguiente movimiento.
Tu propósito a través de los demás
En los horribles campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial había un reducido grupo de personas que tenían más probabilidades de sobrevivir. Una vez arrebatado todo tipo de libertad y propósito, los prisioneros que eran médicos y enfermeros seguían teniendo un deber; ayudar a los demás. Esa noción era la que les daba fuerza para luchar en un escenario tan inhumano. Dejaron de preocuparse por su futuro y se dedicaron a ayudar al prójimo.
En ocasiones olvidamos que no estamos solos en el mundo, que el sufrimiento no es particular sino universal. Siempre hay alguien a quien le puedas echar una mano o prestar un hombro para apoyarse. Séneca decía “donde quiera que haya una persona, hay una oportunidad para el favor”. Ser inteligentemente altruista te hará la vida más fácil y dejarás una huella que ninguna maldad podrá borrar.
Tu propósito a través del viaje
Al final de la trilogía de Noche en el Museo hay una escena en la que el protagonista, Larry, se despide de Teddy Roosevelt, interpretado por Robin Williams. “Es hora de tu próxima aventura” le dice Teddy, a lo que Larry replica “no sé ni lo que voy a hacer mañana”, entonces Teddy, risueño, responde “que emocionante”.
Si buscar la respuesta te causa sufrimiento, entonces, debes probar otro camino. En una de sus bellas cartas, el poeta Rainer M. Rilke le dio este consejo a su joven amigo: “Sé paciente con todo lo que está por resolver en tu corazón e intenta amar tus propias preguntas… Vive las preguntas ahora. Quizás poco a poco, sin darte cuenta, irás acercándote algún día lejano hacia las preguntas”.
Hay preguntas —las más importantes— que no se resuelven pensando sentado en el sillón, sino poniéndose de pie y atreviéndose a vivir. Descubrir tu propósito, en esta etapa de tu vida, puede convertirse en tu propósito.
Recuerda que tu propósito puede cambiar a lo largo de tu vida. Eres un verbo, evolucionas, aún así, es bueno que tengas un rumbo claro que seguir. No tener un motivo por el que despertar cada mañana es doloroso, en ocasiones roza la depresión.
Querido lector, espero que puedas encontrar tu camino o, si no, que puedas crearlo paso a paso. Consérvate bueno.