Eres piedra y cincel
Mostradme uno enfermo y feliz, en peligro y feliz, muriendo y feliz, exiliado y feliz, difamado y feliz. Mostrádmelo. ¡Por los dioses, quiero ver un estoico! Pero no podéis mostrarme a nadie modelado así. Mostradme al menos uno que se esté modelando, uno con inclinación a ello.
—Epicteto
Uno de los rasgos más fascinantes de nuestro Séneca es su consciencia sobre sus imperfecciones. Era un tópico recurrente en sus cartas morales. Se presentaba a sí mismo como “proficiens”, alguien que había emprendido el viaje filosófico, no como alguien que ya había llegado.
Querido lector, hablamos del mayor viaje de todos, el de la buena vida. Ese es nuestro destino, una vida libre de remordimientos, llena de serenidad, atada a nuestras acciones. Ese destino no está al alcance de todos, únicamente es alcanzable para aquellos que emprenden el camino hacia el bien, cuya primera preocupación es esculpirse como mejores personas, que conocen sus defectos y están dispuestos a mejorarse día tras día. Sé que tú eres así. Eres piedra y cincel.
A continuación vamos a hablar de tres ideas sobre este viaje.
No tan rápido
“¿Ya te persuadió aquel de que es un buen hombre?” le preguntaba Séneca a su amigo Lucilio, “pero un hombre bueno ni se hace ni se comprueba en tan poco tiempo”.
Todavía nos queda un largo trayecto. ¿Ya hemos mejorado más que la mayoría? Séneca nos diría que “ser mejor que los pésimos no es ser bueno todavía”. ¿Ya nos consideramos buenos? Séneca nos respondería que “si supiéramos qué es una buena persona, no creeríamos que ya somos una”.
No es que nuestro querido Séneca trate de desalentarnos en este viaje —nunca haría algo semejante—, más bien quiere darnos un baño de realidad, pues tan solo estamos empezando, creer que vamos por delante nos hará pasar por alto defectos y vicios que debemos tratar, nos hará menos humildes y con ello iremos incluso en la dirección contraria.
Recuerda: El arte de vivir es algo que debemos aprender toda la vida.
Alguien que nos tienda la mano
“Nadie por sí mismo tiene fuerza suficiente para elevarse por encima de la insensatez; es necesario que alguien le tienda la mano, que alguien le levante” decía Séneca.
¿Por qué gastar nuestra valiosa y breve vida en aprender mediante prueba y error? ¿Por qué no mejor ahorrarnos el sufrimiento y el tiempo aprendiendo de aquellos que han caminado el sendero que anhelamos? El verdadero sabio es quien aprende de las vidas ajenas.
¿Dónde encontramos esta ayuda? Puedes buscar un referente actual, alguien que guíe tus pasos, pero siempre bajo esta regla: debes admirarle más cuando le veas que cuando le oigas. Es difícil encontrar alguien así, por eso el mejor sitio para encontrar ayuda son los libros.
Los autores clásicos no te decepcionarán. Ninguno te quitará ni un año, todos te añadirán su vida. No pueden negarse a ser tus mentores, tienes la posibilidad de aprovechar todo su conocimiento plasmado en páginas. Tanto de día como de noche estarán a tu disposición, ¿por qué no aprovecharlo?
No por nada Marco Aurelio, Séneca y Epicteto han cambiado la vida a miles de personas a lo largo de la historia.
Tu mayor proyecto
Séneca nos recuerda que hemos nacido con un “carácter difícil y laborioso: caminamos entre obstáculos”. Por tanto, fallaremos, tendremos días malos. Es parte del proceso. Ni siquiera Marco Aurelio era bueno todos los días, por eso se escribió a sí mismo estas palabras:
“No te disgustes, ni desfallezcas, ni te impacientes, si no logras siempre actuar de acuerdo con rectos principios. Por el contrario, cuando fracases, vuelve a intentarlo. Ama aquello a lo que de nuevo encaminas tus pasos.”
Quizás nunca lleguemos a ser estoicos —sabios perfectos— pero no por ello debemos dejar de dar nuestro mayor esfuerzo en mejorarnos. “¿Es que por no tener talento deberé abandonar todo esfuerzo por hacer lo mejor que pueda? ¡Desde luego que no!” decía Epicteto.
Recuerda que ser paciente contigo mismo es ser perseverante en tu mayor proyecto: tú. Consérvate bueno.