¿Quién lleva las riendas?

Desde ahora, piensa que eres digno de vivir como un adulto que se perfecciona. Y si se te presenta un momento de dolor o de placer, recuerda que el combate es ahora. Ahora comienzan los Juegos Olímpicos, y no pueden ser postergados.

—EPICTETO, Enquirindion 51​

Me pasa mucho más de lo que me gustaría admitir. Pierdo el control sobre mí mismo.

Hay ciertos días —Dios, ¡bastantes!— en los que vuelvo a ser un chaval inseguro, sin rumbo y sin ganas de nada. Todo puede estar bien hasta que un simple revés de la vida me deja en la lona y me devuelve al hábito más doloroso que he tenido; distraerme y desperdiciar mi vida.

Me vuelvo presa de las circunstancias. Quizá alguien me ha dicho algo que mi debilidad no quería escuchar. Quizá he visto sufrir a un ser querido más de lo que podía soportar en ese momento. Quizá simplemente el resultado no ha salido como lo esperaba. Y es entonces cuando pierdo el control…

Cuando era adolescente me inclinaba a los videojuegos para evadirme de la realidad. Hoy escapo de mí mismo con ruido de cualquier tipo; reels en instagram, opiniones, comentarios, me gustas… lo que sea que me mantenga distraído de mis pensamientos. Porque eso es más sencillo que afrontar la situación.

Y cuando estoy scrolleando hay una vocecita en mi cabeza que dice “debes parar, sabes que debes parar”, otra responde “no puedo”. ¿No puedo? ¿Cómo que no puedo? ¿Qué coño significa eso?

Me saboteo a mí mismo, es como si una parte de mí jugara en mi contra.

Hace unos días le hablé de esto a una gran amiga mía y una de las personas más sabias que conozco, Rosie. Hace bastante tiempo que ha dejado de ejercer como psicoterapeuta y psicóloga pero sigue dándome consejos muy importantes. Me dijo tajantemente, “Jonathan, no tienes depresión; eres consciente de cada problema que tienes. tienes el control sobre ti”.

Sus palabras retumbaron en mi cabeza. A día de hoy siguen ahí.

¿Cómo podía sabotearme a mí mismo si soy yo quien tiene plena autoridad sobre mí? ¿Qué tipo de respeto me estaba mostrando a mí mismo? No tenía sentido.

En ese momento se esfumó el autosabotaje. Comprendí que en todo momento tengo el control sobre mí, que no tengo ningún problema en mi psique y que en cada momento que me halle haciendo algo que no debo hacer puedo parar y cambiar porque yo llevo las riendas.

Hoy, mi querido lector, vamos a tratar dos ideas sobre madurar el carácter y afrontar mejor la vida.

Significado y Responsabilidad Van de la Mano

¿Quieres madurar como persona? Este es el primer paso,

aceptar la completa responsabilidad de ti y de tu vida.

Mira, quizá el gobierno sea una mierda, quizá tus padres no te criaron en el mejor entorno ni de la mejor manera posible, quizá no tienes las oportunidades que crees merecerte, quizá, quizá y quizá. Da igual, créeme, da igual. Debes entender esto; no tiene sentido buscar culpables de cómo sea tu vida. Independientemente de quien tenga culpa —y si eres sabio no culparás a nadie— tú eres el único responsable de lo que vas a hacer a partir de ahora.

Nadie más se va a encargar de tus asuntos. Y eso puede desembocar en dos situaciones; te da miedo o te da poder.

Cuando te das cuenta de que todo el peso de tu existencia cae únicamente sobre tus hombros puedes asustarte, es normal. Pero cuando lo asimilas te vuelves poderoso. ¿Por qué? Porque esto significa que no dependes de nada que no seas tú mismo para poner tu vida en orden. Porque el orden en tu vida empieza con el orden en ti mismo. Y, querido amigo, en todo momento tienes el poder de ponerte en orden. Aunque se te olvide, —como a mi me pasa— tienes completa autoridad sobre ti.

Y con la responsabilidad que aceptas de tu vida viene algo maravilloso; el significado.

Los estoicos, en especial Epicteto, hacían hincapié en el papel de los roles. Nuestro papel en esta obra llamada vida. Cada persona viene al mundo con el rol de ser humano, y con el consiguiente deber de ser buena persona.

Pero también están los roles individuales, diseñados en base a tus circunstancias y a las elecciones que has tomado. ¿Eres madre? Entonces tienes una gran responsabilidad, cumplir con el deber de ser buena madre. Y todos saben que el amor parental otorga una inmensa cantidad de significado a la vida.

¿Eres hermano y te ha tocado afrontar el papel de proveedor y cuidador? Tu vida adquiere mucha responsabilidad, y por ende, significado. Tu vida tiene peso, cada acción es más importante.

Y lo bonito de esto es que igual que la responsabilidad otorga significado, el significado otorga felicidad, y la felicidad no es ausencia de problemas, es la fortaleza de afrontar la responsabilidad que nos ha tocado, o que hemos escogido, porque en realidad, toda responsabilidad es una elección.

La opción de no tomar responsabilidad de tu vida tiene un nombre y es repugnante; victimismo. Ese camino lleva a la miseria. Es mejor este otro; poner tus asuntos en orden y tomar las riendas de tu vida.

Tiende una Mano

Creo que uno de los peores consejos que se están dando a gente con depresión y ansiedad es “enfócate primeramente en tu salud mental”.

¿Cómo va a ser la solución pensar más en uno mismo si lo que le ha llevado a ese punto es ensimismarse?

La gente madura tiene, necesariamente, este rasgo:

Se preocupan más por alguien o por algo que por sí mismos.

Es por eso que la madurez (suele) ser una consecuencia de volverse padres. La persona adquiere un deber superior que excede la niebla y el egocentrismo. Su vida se llena de significado a través de otra persona. Y eso no es malo, es algo natural.

Piensa en esto, pese a que tu vida recaiga en tus manos no significa que navegues solo. Todos estamos en un mismo barco, somos parte de la misma comunidad. Pese a nuestras diferencias, inclinaciones políticas y opiniones, todos estamos unidos por una capacidad para la colaboración y la unión.

Puede que la sociedad se haya ido un poco —¿quizá mucho?— a la mierda. Pero hemos llegado tan lejos como especie tras miles y miles de años gracias a un natural instinto para la ayuda y la cooperación. Por eso los estoicos, y Marco Aurelio con estas palabras, decían

Hemos nacido para colaborar. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza. Y es actuar como adversario indignarse y darse la vuelta.

¿No te has dado cuenta de que mientras más te enfocas en tus problemas peor te sientes? Quizá sea buen momento para preocuparte por cómo mejorar la vida de las personas en tu entorno más próximo. Servir es propio de una buena persona.

Alivia un poco el peso de los demás y verás como tu propio peso se vuelve más llevadero. Créelo o no, pruébalo y verás que es cierto. Puedes sanar mientras ayudas a sanar. Consérvate bueno.

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