Recto, no enderezado
Marco Aurelio era muy exigente consigo mismo.
Y algo muy noble de su carácter era que se exigía a sí mismo y no pretendía que el resto actuase como él lo haría. Vivía según sus palabras.
En sus Meditaciones escribió
Sé tolerante con los demás y estricto contigo mismo.
El libro 1 de sus Meditaciones está completo de agradecimiento a todas las personas significativas de su vida. Todo son buenas palabras.
Y cabe recordar que sus Meditaciones eran sus reflexiones privadas, sin ninguna intención de publicarse.
En todos los pasajes trata de llevarse de vuelta al buen camino. A recordarse los principios del arte de vivir.
Y a veces era muy duro consigo mismo. Le molestaba tener que enderezarse, en vez de ser alguien recto.
Una de sus frases lapidarias dice
Hay que ser recto, no enderezado.
En un pasaje le agradece a Claudio Máximo, uno de sus maestros estoicos, el haberle enseñado a mostrarse “más como alguien recto que como alguien enderezado”.
Porque eso es acercarse a la virtud.
El Triunfo de Marco Aurelio de Nicolas Beatrizet
Es mucho mejor ser alguien que se mantiene de pie y cae muy de vez en cuando, antes que ser alguien que está constantemente levantándose porque continuamente se cae.
Es mucho mejor recorrer el sendero desviándote muy poco a que cada 10 pasos que des, uno sea en la dirección incorrecta.
Es mucho mejor ser recto que ser enderezado.
Y no es una cuestión de sentirte mal por caer, sino de saber que estaba en tu poder el no caer.
Porque no eres ningún crío, sabes perfectamente lo que está bien para ti y lo que está mal.
Aún así prefieres muchas veces perjudicarte antes que hacer lo que sabes que debes hacer.
Prefieres decir “mañana me esforzaré”, a esforzarte hoy.
Prefieres caer hoy pensando que mañana te levantarás.
La mente inquieta es la pena para quienes tienen esta mentalidad. Marco Aurelio no era perfecto, también actuaba así. Por eso se escribió esto:
Presta atención a lo que te ocupa, sea actuación, opinión, o significado. Justamente sufres estas inquietudes ya que prefieres hacerte bueno mañana a serlo hoy.
Esa debe ser nuestra ocupación diaria. Incluso más, debe ser en todo momento.
Epicteto decía que nuestro progreso como personas depende de una circunstancia cualquiera, de un momento cualquiera.
En cada momento, decía, “estás bajando a los Juegos Olímpicos”. Estás en pleno combate contra todo lo que te corrompe por dentro.
Y la cura para ello es ser consciente de que debes prestarte la atención suficiente para no tener que enderezarte, sino para mantenerte recto. Consérvate bueno.