Te tiene que doler
Ningún cambio duradero en tu vida lo vas a conseguir con suavidades.
Te tiene que doler.
Epicteto decía que el filósofo es un médico, y la escuela filosófica, en concreto la estoica, un hospital.
Y nuestras visitas al hospital no son para pasar un rato agradable, sino uno doloroso.
Señores, la escuela del filósofo es un hospital: no habéis de salir contentos, sino dolientes; pues no vinisteis sanos, sino uno con luxación de hombro; otro, con un absceso; otro, con una fístula; otro, con dolores de cabeza.
Porque para los filósofos antiguos, la filosofía se trataba de curar el alma. Entonces, el filósofo consagrado era como un terapeuta de la psique, que también podemos entenderla como mente.
Su trabajo era el de extirpar los vicios, aquello contrario a la virtud. Buscaba extirparte la pereza, la falta autocontrol, el deseo de lo perjudicial, el egoísmo, todos los vicios que están en las entrañas de tu alma.
Y, por supuesto, eso es doloroso. Es mostrarte lo dañino y vergonzoso que hay dentro, y arrancártelo en carne viva.
Así que si quieres progresar en ti mismo y en tu vida, no te quedes con aquellos que enseñan lo que quieres aprender, sino con aquellos que te enseñan lo que necesitas aprender, duela lo que te duela.
Séneca decía que quien visita al filósofo «debe volver o más sano o más sanable».
Y usaba el mismo tono que Epicteto, decía que es ridículo alabar al filósofo por su trabajo como médico del alma. Escribió esto
¿Acaso el enfermo alaba al médico que le aplica el bisturí? Callad, prestaos a ser curados; aunque me dedicaseis vuestros aplausos no los interpretaré sino como gritos al palpar vuestros vicios.
Si quieres verdaderamente progresar, debes ser consciente de que te tiene que doler. Si estás caminando un sendero sencillo y sin obstáculos, es que no estás en el camino correcto. Consérvate bueno.